Héroes Vikingos

Ragnar Lodbrok, figura semilegendaria, fue rey de Suecia y Dinamarca en algún momento entre los siglos VIII y IX. Los datos exactos sobre su vida se desconocen, pero lo mas probable es que fuera un caudillo vikingo que según parece, pertenecía a la dinastía real sueca de los Yngling, descendiente del rey Sigurd Ring. Ragnar era pagano y se consideraba descendiente directo del dios norteño Odín. Las iglesias y los monasterios cristianos eran uno de sus objetivos favoritos.

Muchos de los detalles de su vida se conocen solo a través de las leyendas y deben ser recibidos con cierto grado de escepticismo, pero parece ser que fue un personaje muy notable. Pasó la mayor parte de su vida como pirata y saqueador. Exigía inmensos rescates a sus prisioneros y luego, al poco tiempo de haberlos liberado, regresaba y demandaba otro pago por marcharse. Si nos basamos en el número de vikingos que se pusieron bajo su mando, Ragnar debió de ser un líder muy brillante y carismático. Condujo una fuerza de ciento veinte barcos y cinco mil vikingos hasta la desembocadura del Sena, y desde allí a la ciudad de París. La ciudad fue capturada fácilmente y el rey franco Carlos el Calvo (nieto de Carlomagno) accedió a pagar a Ragnar una enorme cantidad de dinero para que no la destruyera. Según las fuentes vikingas, Ragnar pidió la exorbitante suma de siete mil libras de plata, cantidad que le fue pagada. Aunque honró el trato suscrito y dejó París más o menos intacta, esto no le impidió saquear el norte de Francia durante el camino de regreso y destruir todo cuanto encontró en su camino.

Tras su éxito en Francia, decidió volverse hacia el norte y desembarcó en Inglaterra. Sus tropas tocaron tierra en el reino de Nortumbria, gobernada a la sajón por el rey Aelle II. Ragnar se enfrentó a Aelle en batalla aquel mismo año y, por primera y única vez en su vida, salió derrotado. Fue capturado y arrojado a un foso lleno de víboras.

Mientras moría, se dice que Ragnar exclamó “¡Como gruñirían los cerditos si conocieran la situación del viejo jabalí!” Se refería a sus hijos en tierras vikingas, y Aelle habría hecho bien en prestar más atención a sus palabras, porque al año siguiente, el cuarto hijo de Ragnar, Ivar el Deshuesado, condujo a Inglaterra una gran expedición vikinga en busca de venganza. Ivar se enfrentó a Aelle en el campo de batalla, lo derrotó y le dio una muerte lenta y agónica.

Fuera o no lanzada para vengar la muerte de Ragnar, la invasión vikinga tuvo serias consecuencias: los reinos de Nortumbria, Mercia y Anglia Oriental fueron atacados y destruidos. Unos años después, los descendientes de Ragnar fueron finalmente detenidos por Alfredo el Grande de Wessex.

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Erik I de Noruega conocido como Erik Hacha Sangrienta (885 – 954), fue el segundo rey de Noruega. Era el hijo más viejo de Harald I de Noruega. Al recibir el poder de manos de su padre, entró en disputa con sus hermanos. Llego a matar a muchos de sus hermanos, con la excepción de Haakon el Bueno, que se refugiaría en Inglaterra. Su sobrenombre, Hacha Sangrienta, puede provenir de su tendencia al fratricidio.

Llevó a cabo una expedición vikinga a Bjarmanland, en el norte de Rusia. Más tarde, comenzó su conquista al navegar por el río Daugava, dentro de Rusia, allí saqueó un puerto comercial. Más o menos sobre esos años, fue invitado a Dinamarca por el rey Gorm el Viejo para un banquete en el cual conoció a Gunnhild, con quien se casó en la noche siguiente. Gunnhild ganó la reputación de ser una bruja, fuera o no cierto, Erik halló muy útil la reputación tenebrosa de su esposa.

En la primavera siguiente, Erik derrotó las fuerzas combinadas de sus hermanos Olaf y Sigrød en el campo de batalla, cerca de Tønsberg y reconquistó el trono de Noruega. Pocos años después, su hermano más joven, Haakon el Bueno regresó de Inglaterra con el apoyo de la nobleza noruega para alejarlo del trono. El reinado de Erik era duro y despótico, lo que explica las ganas que tenían los nobles para deponerlo.

Después de diversas campañas fallidas para reconquistar el trono, Erik viajó hacia las islas Orcadas y, más tarde, para el Reino de Jorvik (donde hoy se sitúa la ciudad de York, en Inglaterra), a invitación de los vikingos locales. En el inicio, fue acogido calurosamente por Athelstan, que lo hizo gobernador de Northumbria, con mandato para proteger las fronteras de los escoceses y de los irlandeses. Como Northumbria no era suficientemente rica para sostener a Erik y sus seguidores, saqueó con frecuencia otras regiones de Escocia y de los mares de Irlanda. Estos saqueos le trajeron fama y respeto, que lo llevaron a ser rey de Jorvik durante unos años.

Su gobernación pronto acabó por degenerar, ganando la oposición de diversos reyes vecinos. Acabó por ser traicionado y expulsado por el pueblo, y murió en combate en Stainmoor, en Westmorland.