Funerales

Los vikingos solían incinerar a sus muertos en barcos funerarios, aunque también había entierros en tierra. Frecuentemente los cuerpos eran depositados en un barco de madera o piedra y se les solía dejar ofrendas según la profesión de difunto y su estatus, el sacrificio humano era practicado también. Después se creaba el túmulo amontonando sobre los restos tierra o piedras.

Ofrendas

Se dejaban regalos junto al cadáver; si el cuerpo era quemado en una pira, el difunto recibía presentes relacionados con su posición social. Si el ritual se realizaba correctamente, el difunto conservaba en la otra vida el estatus vital que había poseído en la tierra, y de esta manera se evitaba que se convirtiera en un alma errante condenada a vagar eternamente.

Los esclavos eran enterrados en tierra, se le enterraban de forma que no regresaran para atormentar a sus amos y para que pudieran serles de utilidad cuando éstos hubieran muerto. En ocasiones eran sacrificados para que siguieran sirviendo a sus amos en la otra vida.

A los hombres libres se les enterraba con armas y equipo de monta. Los artesanos podían ser enterrados junto a todas sus herramientas.

A las mujeres se las enterraba con sus joyas, instrumentos de uso doméstico

Además de rendir homenaje a los muertos, la tumba constituía un monumento a la posición social de los descendientes. Algunos clanes tenían cementerios monumentales. El cementerio vikingo de Borre en Vestfold, ligado a la dinastía Yngling alojaba grandes túmulos que contenían barcos de piedra, y otros pequeños con las cenizas de barcos quemados. Jelling en Dinamarca es el memorial real más grande de la época vikinga realizado por Harald Diente Azul en recuerdo de sus padres Gorm y Tyra y en honor a sí mismo.

Rituales

Los vikingos creían que si el muerto no era enterrado correctamente o no se le proveían de medios para la otra vida, era posible que no llegara a encontrar la paz en el más allá. La persona muerta podría visitar a sus parientes vivos como un fantasma para atormentarlos, esto era interpretado como una señal de que más miembros de la familia morirían.

El escritor persa Ahmad ibn Fadlan realizó una descripción detallada del funeral de un jefe escandinavo . El jefe fue colocado en una tumba temporal , mientras se le preparaban al difunto ropas nuevas, esto era muy importante pues el dinero del difunto se destinaba a este fin. Durante estos días los familiares preguntaban a los esclavos quién querría irse al otro mundo con su amo, una de sus esclavas se ofreció voluntaria, por lo que fue custodiada día y noche y se le dio gran cantidad de bebida. Cuando llegó la hora de la cremación pusieron el barco del jefe en tierra, le depositaron en una plataforma de madera y le hicieron una cama en el barco. La responsable del ritual era una mujer anciana conocida como el “angel de la muerte” Entonces desenterraron al jefe y le vistieron con las ropas nuevas. En su tumba depositaron bebidas alcohólicas, frutas y un instrumento de cuerda. El jefe fue puesto en la cama con todas sus armas y ofrendas situadas a su alrededor. Luego cortaron en pedazos a sus dos caballos y a su perro. Finalmente, sacrificaron un gallo y una gallina. Entre tanto, la esclava iba de tienda en tienda manteniendo relaciones sexuales con los hombres. Cada uno de ellos le decía: “Dile a tu amo que esto lo hice por amor a él”. Mientras, por la tarde, llevaban a la chica a algo que parecía el marco de una puerta, donde ella era levantada por las palmas de los hombres tres veces. Cada vez que era alzada, ella decía lo que veía: la primera vez vio a su padre y a su madre, la segunda a todos sus parientes, y la tercera a su amo en el más allá. Allí todo era verde y hermoso y junto a él, vio hombres y chicos jóvenes. Vio que su amo la llamaba por señas. Después, la esclava fue llevada al barco. Se quitó los brazaletes y se los dio a la anciana. A continuación se quitó los anillos de los dedos y se los dio a las hijas de la anciana, que la habían custodiado. Después fue llevada a bordo del barco, pero no se le permitió acceder a la tienda donde el jefe yacía. La chica bebió varios vasos de bebidas alcohólicas, cantaba y se despedía de sus amigos. Entonces la chica fue llevada a la tienda y los hombres empezaron a golpear sus escudos para que sus gritos no se oyeran. Seis hombres la acompañaban y mantuvieron relaciones sexuales con ella, tras lo cual la pusieron en la cama del jefe. Dos hombres agarraron sus manos y otros dos sus muñecas. El ángel de la muerte puso una cuerda alrededor de su cuello y mientras dos hombres tiraban de la cuerda, la anciana la apuñaló entre las costillas con un cuchillo. Después, los parientes del jefe muerto llegaron con una antorcha encendida y quemaron el barco. Después, levantaron sobre las cenizas un túmulo redondo y, en el centro del montículo, izaron un poste de abedul donde grabaron con runas los nombres del jefe muerto y su rey. Tras ello se fueron en sus barcos.

 

Cremación

Era frecuente quemar los cadáveres y las ofrendas en una pira, en la cual la temperatura alcanzaba los 1400º C; mucho más alta que en un crematorio moderno. Lo único que quedaría serían unos fragmentos de metal y algunos huesos animales y humanos. La pira era construida de forma que la columna de humo fuera lo más grande posible para elevar al difunto a la otra vida.

En el séptimo día tras la muerte de la persona se celebraba la fiesta del sjaund, o fiesta de la cerveza funeraria, así llamada porque implicaba la libación ritual. La cerveza funeraria era una forma social de demarcar el caso de la muerte. Sólo tras la ceremonia podían los herederos legalmente reclamar la herencia. Si la persona fallecida se trataba de una viuda o del dueño de una granja, el legítimo heredero podía hacerse con la propiedad y, por tanto, marcar el cambio de autoridad.