Breve Historia de los Vikingos

Conocidos también como normandos, los vikingos eran una serie de pueblos procedentes del norte de Europa que se hicieron famosos por los ataques llevados a cabo por todo el continente en el período comprendido aproximadamente entre el 800 y 1050 d. C. Este período, conocido a veces como “era vikinga”, se caracterizó; en muchas partes de Europa por el caos y el desorden. Los vikingos se dividían en tres grandes grupos principalmente: daneses, noruegos y suecos. Todos estos pueblos centraron sus ataques principalmente en Inglaterra, pero también visitaron frecuentemente Escocia, Irlanda y algunas regiones situadas al oeste de las islas. Asimismo asaltaron regiones del norte de Francia e invadieron el sistema fluvial de lo que en nuestros días es Rusia. Con el tiempo asolaron tierras por toda la costa mediterránea hasta llegar incluso a Constantinopla. Aunque normalmente utilizaban tácticas de ataque fugaces, muchos de ellos establecieron comunidades nuevas en las áreas sojuzgadas y acabaron por mezclarse con las poblaciones locales.

La expansión vikinga se inició con el saqueo del importante monasterio de Lindisfarne, situado en una isla de la costa de Inglaterra. En la siguiente década, Inglaterra sufrió los constantes saqueos de los vikingos y fue seguido de una invasión en toda regla que desembarcó en Anglia oriental. Este ejército estaba dirigido por varios reyes sin tierra; en las batallas que se produjeron a continuación, la mayoría de los reinos ingleses fueron derrotados, pero el estado de Wessex, bajo el mando de Alfredo el Grande, logró contener a los invasores. Los vikingos se instalaron en Nortumbria.

Otra oleada de vikingos, bajo el mando de Erik Hacha Sangrienta, desembarcó en la isla y logró capturar la ciudad de York. Los vikingos mantendrían bajo su control la mayor parte de Inglaterra hasta la posterior invasión normanda, hay que recordar que estos normandos eran a su vez los descendientes de los vikingos asentados en Francia. Escocia e Irlanda habían soportado también una importante presencia de vikingos. Muchas ciudades importantes, Dublín incluida, fueron fundadas por ellos. Con el paso del tiempo, los vikingos acabaron por mezclarse con los irlandeses nativos.

Sin embargo un objetivo principal de los ataques vikingos fue Francia. Los vikingos navegaron con impunidad por el río Sena y saquearon a su antojo los pueblos y monasterios de la región. Finalmente, el rey franco Carlos el Simple llegó a un acuerdo con el líder vikingo Hrolf Ganger en el que le concedía el control del norte de Francia. A cambio, Hrolf y sus hombres se comprometían a convertirse al cristianismo y a jurar fidelidad al rey franco como vasallos. Hrolf se cambió el nombre por el de Rollo y adoptó el título de duque de Normandía (bautizada así por los normandos que se asentaron en ella). Los normandos no abandonaron su cultura guerrera a pesar de su conversión al cristianismo, y continuaron realizando importantes conquistas en Inglaterra, el Mediterráneo y el Levante (durante las Cruzadas).

 

Las hazañas de los marinos vikingos son legendarias. Parece ser que llegaron hasta Islandia, Groenlandia e incluso el Labrador, en Norteamérica, y fundaron colonias en todas estas regiones. Sus barcos, además de ser rápidos y muy marineros, poseían un escaso calado que les permitía adentrarse profundamente en los sistemas fluviales de Europa. Los vikingos podían atacar desde el mar y retirarse antes de que las fuerzas armadas de un reino pudieran reunirse para ofrecer resistencia. Al este, los vikingos viajaron por los ríos de la moderna Rusia y fundaron el estado de Kievan Rus, que se hizo rico gracias al comercio entre el Báltico y el Imperio Bizantino. Además, estos vikingos se emplearon como mercenarios en las tierras de los bizantinos y sus formidables guerreros formaron la guardia varega de los emperadores de Bizancio.

La era vikinga llegó a su fin alrededor del 1050, cuando los vikingos terminaron de incorporarse a la Europa cristiana y empezaron a dedicarse a las tareas, menos excitantes pero más estables, de la agricultura y la pesca. Sin embargo, su reputación de feroces invasores ha perdurado hasta nuestros días.